Pautas
para ordenar, planificar y gestionar el desarrollo del territorio-ciudad en el
área metropolitana de Managua[1].
Reseña.
El texto es una breve reflexión surgida de la mera observación y
recorrido a la ciudad de Managua. Para mejorarlo haría falta una comprobación
experimental de las ideas aquí recogidas, es decir cuantificar y medir algunos
de los aspectos enunciados. Pero tiene la intención de problematizar sobre
estas situaciones para encontrar pautas y recomendaciones que apunte a la
elaboración de un modelo inédito viable.
Este reconocimiento visual recoge las potencialidades de una ciudad que
está en acelerado crecimiento, que tiene muchos espacios de oportunidad y una
gran riqueza paisajística.
Las observaciones realizadas ponen en tela de juicio algunas nociones
que parecen fosilizadas en el pensamiento urbanístico de los últimos 60 años,
propone superar estos paradigmas (dualismo campo-ciudad, visión desarrollista,
crecimiento ilimitado) para situarnos en una perspectiva que quiere apoyarse en
ideas como capacidad de carga del territorio, racionalidad de las nuevas
extensiones de la ciudad, clasificación del suelo y límite de suelo urbano,
preservación del patrimonio de los suelos de valor natural, productivo y
paisajístico. Pensamiento propio e identidad cultural a través de la
integración de la doble matriz cultura, precolombina y occidental.
Palabras claves: dualismo urbano-rural, integración, matriz cultural,
inmediatismo versus planificación, desarrollo sostenible de Managua.
Territorio-ciudad.
Superación del dualismo urbano-rural
La ciudad es un conjunto de edificaciones y calles dotadas
de los servicios de abastecimiento y redes de evacuación, es decir de las
infraestructuras básicas para la vida –buena y sana- de una comunidad que está
gobernada por una Alcaldía[2].
Comunidad, que no siempre basa el sustento en las actividades agrícolas, según definición
del diccionario de la RAE.[3]
La ciudad comprendida como entidad urbana ha sido definida en oposición a lo rural. Sin embargo, entre
estos dos niveles contrapuestos existe una interdependencia
innegable. El territorio, en cambio es un concepto que comprende tanto el
ámbito rural como el urbano. Es explicado como el lugar concreto donde vive una
comunidad que mantiene vínculos de unidad generados por consanguinidad,
parentesco o intereses comunes[4].
El territorio es la base-soporte de la matriz natural y la matriz antrópica.
Sustenta los asentamientos humanos, espacios agrícolas y de interés natural y
patrimonial. Abarca los componentes artificiales y naturales que componen el
paisaje que visualizamos y construimos con nuestra actividad.
Por otra parte, consideramos que existe la urgencia de
superar la dicotomía inconsciente del pensamiento que opone de manera antagónica
la ciudad y el territorio abierto. Este último, base real de nuestro sustento,
productividad y única riqueza patrimonial. Managua y los municipios que
conforman el área metropolitana, en tanto gozan de autonomía municipal, tienen
la urgencia de pensar su territorio en términos integrales y superar la visión
dualista, que confronta los territorios rurales con la parte considerada urbana.
La situación actual y las tendencias del crecimiento de nuestros territorios y
ciudades hace pensar que resulta
apremiante un cambio de consciencia y percepción que permita poner en
valor los elementos patrimoniales del territorio y el paisaje, muchas veces
menospreciado como rural o
simplemente calificado como rústico o
agrícola; como si estos atributos fuesen sinónimos de ámbitos poco
desarrollados o con poco dinamismo para el <progreso
o crecimiento>[5].
Cultura.
Integración de la doble matriz cultural: precolombina y occidental
Por otra parte, hace falta entender que el tiempo transcurre
de manera diferente en el territorio rural y el urbano. Los territorios rurales
que podemos calificar como portadores de un suceder de tiempo de tipo sereno, definirían aquellos ámbitos que
alojan actividades vinculadas a los ritmos de las cosechas, ciclos de la
naturaleza –agua, viento, tierra- y movimiento de los astros. Conceptualización
que estaría en proximidad con nuestra matriz
patrimonial precolombina. Hemos sido desde siempre un Pueblo originario que vivió, antes de la colonia, en profunda
unidad con su centro espiritual Ometeotl
en la región denominada Cem-Anahuac.
Pero también hemos heredado recientemente, desde hace 500 años, la matriz occidental moderna y no
podemos escapar a la mentalidad racionalista y la pretendida objetividad de la
ciencia y tecnología, ahora en su fase de mundialización. Por tanto es
necesario buscar los criterios, principios y elementos para elaborar una nueva cosmovisión, que tiene por tarea
conciliar la riqueza de esta cuádruple matriz cultural (Precolombina y
occidental) y territorial (Rural y urbana).
Necesidad.
Superación del inmediatismo, apuesta por la planificación
Managua y las municipalidades del ámbito metropolitano, experimentan
necesidades para alcanzar un
desarrollo humano adecuado. En cuanto<necesidad>
significa, impulso que hace que las
causas de la situación que vivimos sean irresistibles. Podemos, entonces,
deducir que si el cambio de percepción y mente, antes mencionado, sobre la concepción
de oposición entre los niveles urbano y rural no se produce, será imposible
sustraernos o resistir a la tendencia “actual” sobre la cual se precipita de
forma poco planificada el desarrollo urbano y rural de nuestro territorio.
Managua y los municipios próximos, en cuanto partes del
territorio-soporte, necesitan de una herramienta eficaz para planificar,
ordenar, regular, controlar y gestionar toda la complejidad del territorio-ciudad,
dirigido a mantener un equilibrio sostenible entre naturaleza y cultura. Para
ello es necesario superar el dualismo campo-ciudad, apostar por los principios
de la sostenibilidad, apoyarnos en un proyecto orientado al desarrollo humano
integral. Entender la ciudad y el campo como dos entidades interdependiente que
se apoya sobre una misma base territorial y como partes de un organismo vivo
llamado GAIA[6].
Es urgente entonces preguntarnos sobre cuál es la situación
de nuestro Territorio-Ciudad en Mangua. Enumerar sus necesidades, observar las dinámicas
de crecimiento urbano e interrogarnos:
¿Cuál es el
modelo de extensión de la ciudad?
¿Cómo
construimos las nuevas partes de ciudad, bajo qué criterios? y sobre todo
evaluar ¿cuáles son los resultados en términos de urbanidad?
¿Estamos
resolviendo los retos del crecimiento urbano: la necesidad de infraestructuras
básicas que hacen la ciudad saludable, la demanda de viviendas dignas, evitando
el riesgo de los desastres naturales?
¿Cómo
contribuyen las nuevas urbanizaciones a la creación del espacio público? Necesario
para generar y propiciar el encuentro entre los ciudadanos.[7]
En este último caso, podemos preguntarnos ¿Si, el modelo de las urbanizaciones cerradas es un modelo
incluyente y democrático? o tiende más bien a extender el modelo urbano
capitalista de ciudad cerrada y
estratificada según niveles socioeconómicos y capacidad adquisitiva. La
respuesta es obvia. Las consecuencias la encontramos reflejadas en el caos de
la movilidad urbana y metropolitana, el colapso del transporte público y
privado, el incremento de los desastres por inundación y aluviones, la contaminación
del manto freático y otras patologías urbanas[8],
que hacen de la ciudad un no-lugar en
el que hay que vivir en situación de desarraigo.
América Latina, en general enfrenta varias situaciones de
patologías urbano-territoriales:
(1) El hiper-crecimiento, uso
alargado del territorio, megalopolización y sprawl. La urbanización en esta
región crece a tasas promedio del 3% al 4%.
(2) Carencias de servicios,
sub-urbanización, infra-urbanización y fragmentación urbana. Estos
aceleramientos, en particular en los países más pobres, son realizados
generando grandes déficits de infraestructura y saneamiento. Entre el 50% y el
90% de población carece de los mismos con las consecuencias ambientales
negativas para el Buen-vivir.
(3) Discontinuidad de gestión,
crisis de gobernabilidad e inequidad. Típica de los países subdesarrollados, donde
a cada periodo electoral implica cambios e ineficacias.
(4) Poca proyectualidad e
inversiones y falta de credibilidad en la planificación. Factores que derivan
del modelo económico neoliberal, preocupado principalmente por la coyuntura
financiera y la atención de la deuda externa.
(5) Inseguridad e insolidaridad, Segregación
social, <Inclusión-Exclusión>. Fuertemente
basada en el modelo económico político mencionado y que promueve como único
modelo deseable a la ciudad cerrada.
(MALASQUEZ: 2006)
En esta ciudad vivimos sin residir en plenitud. Soñando con escapar
los fines de semana a lugares más sanos, naturales y con un ritmo más humano.
La ciudad se ha convertido en un artefacto que usamos, pero que somos incapaces
de habitar en el sentido pleno de la palabra. Habitar significa: estar, quedarse, permanecer en un lugar,
residir. En un sentido más pleno, habitar implica morar en paz con la comunidad. Para habitar plenamente, entonces,
necesitamos procurarnos una vivienda,
lugar en el que vivimos y del que vivimos. La tarea del urbanista es crear
condiciones para que los lugares estén dotados para cumplir las funciones de
orientación, significado e identidad.[9]
En definitiva, desde la perspectiva de la disciplina del
Urbanismo y la Ordenación del Territorio,
existen necesidades y retos a los que
responder teniendo en cuenta la situación actual de Managua, tanto a nivel
técnico como desde la propia cultural.
La respuesta a las necesidades de Managua territorio-ciudad,
requiere previamente de un cambio –superación- de paradigmas, y para ello es
necesario abrir un debate sobre los contenidos y temas que debería abordar un Plan Urbanístico de Ciudad. La pregunta
previa a la formulación de cualquier Plan urbanístico es ¿qué modelo de territorio-ciudad
imaginamos como deseable para nuestro pueblo y cultura?
Ordenación del
Territorio. Recomendaciones y pautas para el desarrollo sostenible
El Plan Urbanístico
es el instrumento que permite concretar los sueños y utopías[10]
de la ciudad imaginada colectivamente. El Plan posibilita prefigurar el modelo
de territorio-ciudad que entre todos los actores construimos y concertamos. El
Plan en tanto elaboración colectiva y participación implica un proceso pedagógico en el que la
población gana conocimiento profundo sobre el patrimonio cultural, natural y
paisajístico, propiciando un sentimiento de identidad y arraigo. A la vez que
los mismos habitantes conocen, crean y acuerda las normas y procedimientos para
guiar el proceso de desarrollo urbano y rural, desde el criterio de prevalencia
del bien común y el desarrollo humano integral.
Los profesionales implicados en el proceso de planeamiento,
han de superar la aplicación acrítica de los modelos ofrecidos por la
urbanística internacional, y la aplicación mecánica de un urbanismo concebido
desde el quietismo y la comodidad del simplismo de las normas, que sólo aspiran
a regular el crecimiento concebido y aceptado –acaso inconscientemente- como connatural. Como si la ciudad fuese un ente que crece por generación espontánea,
sin la reflexión y racionalidad necesaria de toda iniciativa plenamente humana
y consciente.
Es necesario partir de un pensamiento propio, arraigado en la cultura y las necesidades de la
población y su territorio, que tenga en cuenta las líneas estratégicas y criterios
perfilados en el PNDH[11]
y las demandas visibles de los barrios residenciales. En este sentido, proponemos
seis retos para el planeamiento de Managua a escala de territorio y seis retos
a escala de ciudad.
Retos para el planeamiento de Managua a escala de
territorio:
1.
Mejorar el concepto de Clasificación del Suelo adoptado por los Planes Reguladores y que
funciona actualmente como herramienta de la planificación a escala nacional,
formulado en tres categorías: suelo urbano,
suburbano y rural.[12]
2.
Introducir nuevas herramientas en la
planificación, ordenamiento y gestión del suelo, (Planes parciales, planes de
mejora, planes especiales, modificaciones puntuales, estudios de detalle),
buscar la coherencia de estas con los criterios y principios de la ordenación
sostenible del territorio, medio ambiente y la previsión del riesgo.
3.
Establecer los mecanismos de gestión, protección
y preservación de los suelos de alto valor natural y agrícola. (Corredores y
conectores ecológicos, parques y zonas de especial protección de la flora y la
fauna)
4.
Reconocer el funcionamiento a nivel
geomorfológico, hídrico e hidrológico del territorio con el objeto de
circunscribir las zonas que no son aptas para la ocupación urbana y que están
sujetas al riesgo o desastre natural.
5.
Reflexionar sobre el modelo de extensión de la
ciudad. Sabiendo que el modelo de ciudad
compacta frente al modelo de ciudad dispersa, evita el consumo desmedido
del suelo agrícola y los suelos de valor natural[13]
y valor paisajístico.
Retos para el planeamiento de Managua a escala de ciudad:
6.
Dotar los tejidos urbanos (residenciales) de
infraestructuras básicas para garantizar una ciudad saludable y un Buen vivir[14].
7.
Responder a la necesidad urgente de soluciones
habitacionales dignas, considerando los modos de vidas, producción, cultura y
el significado de habitabilidad, de
manera que las soluciones habitacionales tengan en consideración los
aspectos antropológicos, sociales, económicos y culturales.
8.
Formular programas de equipamiento público a
escala municipal y de barrio. Tener en cuenta el sentimiento de identidad y
pertenencia que estas iniciativas generan, así como el efecto contagio en la mejora de los tejidos
residenciales adyacentes.
9.
Garantizar el cumplimiento de las cesiones
urbanísticas para la consolidación de los Sistemas
de Espacios Cívicos y los Sistemas de Equipamientos Comunitarios.
10. Mejorar
el espacio público: recuperación de
la acera como espacio preferencial del peatón y de las personas que tienen su
modo de vida en la calle. Particularmente el ordenamiento espacial y temporal
de las actividades del comercio denominado informal[15],
que sigue la lógica de los flujos de desplazamiento y transporte de la ciudad.
11. Ordenar
y regular la movilidad y el transporte público como estrategia para mejorar el
impacto sobre el consumo energético, y aminorar la contaminación
medioambiental. Recuperar la idea de Sistémica
sobre la red viaria y el transporte público.
12. Prever
y regular los asentamientos humanos espontáneos, trabajar con la idea de un urbanismo progresivo, que deberá prever
el completamiento de los tejidos urbanos en la medida de la capacidad económica
alcanzada por el tejido social y los propios habitantes.
CONCLUSIONES
Managua en los últimos años está recuperando de manera
inaudita el crecimiento urbano estancado por décadas. Crece dejando grandes
vacíos urbanos o espacios de oportunidad, que configuran tejidos urbanos
inconexos, poco accesibles y desarticulados con su centro histórico. La ciudad
parece más un conglomerado de diferentes morfologías y tejidos urbanos pendientes
de sutura y continuidad.
Managua necesita urgentemente de la elaboración de un modelo
urbano para regular los nuevos crecimientos residenciales. Mejorar las
infraestructuras básicas para evitar la contaminación de las aguas, articular
los tejidos urbanos. Renovar el espacio público y el sistema de equipamientos
comunitarios. Optimizar las vías de circulación y transporte. Tendría
pendiente, además elaborar un proyecto integral de recuperación del frente de
costa a orillas del Lago, tema iniciado de manera puntual con las
intervenciones del Puerto Salvador Allende y Paseo Xolotlán. Mejorar las
centralidades urbanas de escala distrital y de barrio. Plantearse un proyecto
articulador del espacio de mayor actividad edilicia y económica que abarca
desde la Catedral nueva hasta camino de oriente.
Para alcanzar estos objetivos, precisamente es necesario
señalar la urgencia de un marco legal urbanístico adecuado. Es decir la
aprobación de una Ley general de
Urbanismo y de Ordenación del territorio, que englobe y sistematice
metodologías y procedimientos disciplinares, recientemente multiplicados en
nuestro contexto nacional, debido a la adopción de diferentes enfoques y a
veces por el inmediatismo de las respuestas ante situaciones de emergencia.
Inevitablemente este esfuerzo sólo puede ser fruto del
respaldo de las instituciones, acompañado de un respaldo económico que lo
viabilice, y ratificado en la voluntad política de quienes gobiernan. Para
garantizar su éxito deberá estar apoyado en un proceso pedagógico que apunte a
crear una cultura de ciudad y territorio,
validado por la participación ciudadana. En la que habrán de concurrir todas
las fuerzas vivas del territorio. El camino para materializar los sueños de una
ciudad pasa por la concertación del modelo urbano, construido entre todos y
basado en el bien común.
Finalmente, decir que enunciar estas observaciones en forma
de retos y a veces de recomendaciones y pautas, tiene la intención de abrir el
debate disciplinar en el que podamos enriquecernos mutuamente, con los
conocimientos y experiencias sobre la planificación urbanística y ordenación
territorial. También, persigue contribuir a la planificación e investigación
urbanística de nuestra ciudad de Managua.
Hoy más que nunca por la dinámica y tendencia latente del
desarrollo urbano y rural, necesitamos construir un modelo de ciudad que recoja los sueños y aspiraciones de sus
habitantes y proporcione un camino a seguir en la construcción del
territorio-ciudad, apoyado en la concertación civil y participación ciudadana,
único camino para el fortalecimiento de las instituciones del Estado.
Msc. Napoleón G. Flores
Universidad Politécnica de Barcelona
[1] Este
escrito surge en el contexto de conmemoración de sesenta años de experiencia en
la regulación, control y planificación de la ciudad capital (1954-2014), y en
el marco de celebración de 50 años de enseñanza de la Arquitectura en
Nicaragua.
[2]RAE (2014). Ciudad. (Consultado el 10 de Octubre de
2014). Disponible en la Internet:bhttp://lema.rae.es/drae/?val=intenci%C3%B3n.
[3] Debemos preguntamos si esta definición no ha dejado
fuera a las formas de vida de los Pueblos
originarios de nuestro continente en los que la ciudad fue entendida como
un centro de reunión y celebración de un vasto territorio natural, como lugar
donde comparecían el hombre y los dioses. Lugar de la celebración y fiesta.
[4] En este
sentido de ciudad-territorio, entendemos que estas reflexiones abarcan a los
municipios que configuran el área o región metropolitana. El nivel de actividad,
tamaño y urbanidad no se mide por la denominación administrativa de los
asentamientos humanos, sus problemáticas se inscriben en la necesidad de
conseguir el equilibrio entre la matriz natural y antrópica, responder a las
necesidades del “desarrollo urbano local” y el compromiso con el principio de sostenibilidad ambiental, orientado
desde el Plan Nacional de Desarrollo Humano 2012-2016.
[5]Progreso y Crecimiento. Dos paradigmas promovidos por la visión moderna,
compartidos en algunos casos por la ideología capitalista “desarrollista” y la
ideología socialista. Estos conceptos han justificado un crecimiento ilimitado,
sin tener en cuenta la capacidad de carga y los límites de los recursos
naturales y humanos de un territorio visto como objeto de expoliación
inagotable.
[6] Definido
como un sistema u organismo vivo del cual el hombre es parte responsable en su
equilibrio y supervivencia. Tomado del pensamiento ecologista de Leonardo Boff.
[7] RAE.
Diccionario de la Real Academia Española. (Consultado 8 de octubre de 2014).
Ciudadano. “…Sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos en
el gobierno del país.” En internet:
[8]
MALASQUEZ D, R. (2006) “Desarrollo urbano
sostenible en América Latina y el Caribe. La agenda pendiente de los gobiernos
locales”. En: Revista Voxlocalis, nº 1. Enero. (Consultado 5 de noviembre
de 2014). Disponible en Internet: http://www.voxlocalis.net/revistas/num1/doc/DESARROLLO%20URBANO%20SOSTENIBLE.pdf.
[9] LYNCH,
K. (1970) La imagen de la ciudad. Ed. infinito. Buenos Aires.
[10]
Entendemos utopía como término que recoge los sueños y aspiraciones de la
ciudad. Nunca en el sentido de no-lugar o situación postergada a un tiempo que
está más allá y es ultra terreno. Sino más bien en el sentido de impulso o
motor de perfección, fuente de esperanza para alcanzar estados de perfección
más altos en todo lo que implica la vida en el territorio-ciudad. Hablaríamos
más bien de una topía (En el sentido que
Leonardo Boff da a este término) en construcción y mejora, un proceso
continuo de crecimiento humano colectivo, tanto en el sentido material de la
ciudad, como en de los procesos de convivencia que implica como polis (lugar de
–muchos- la política. Es decir de las relaciones entre hermanos).
[11] PNDH.
Plan Nacional de Desarrollo Humano 2012-2016. Es necesario retomar las escalas
de la Planificación Física de Nicaragua: Planes de escala territorial, regional
y municipal. Actualmente, existe una fecunda aparición de instrumentos de
planeamiento elaborados desde distintas ópticas (medioambientales y de gestión
del riesgo) que deben someterse a la jerarquía de la Ordenación del Territorio
para que guarden su economía, eficacia, rigor y universalidad. Resulta urgente
y necesaria una Ley General del Suelo.
[12]Terminología
que no parece establecer con claridad taxativa suficiente los valores
morfológicos y normativos de cada uno de estos tres ámbitos de actividad. En
contraposición la experiencia del planeamiento urbanístico internacional
presenta las categorías de Suelo urbano (consolidado y no consolidado), Suelo
urbanizable (programado y no programado) y Suelo no urbanizable.
[13] Los
acuíferos del ámbito occidental de Managua son ejemplo de suelos de valor
natural, actualmente, amenazados por la contaminación de suelos generada por la
infra-urbanización incontrolada.
[14]Sumak kawsay (Buen vivir) Concepto que
proviene de la cosmovisión de los pueblos originarios (quichuas, aymaras,
guaraníes) de América. Este concepto se refiere al ideal de realización del
Planeta (Madre-Tierra), que comprende a todas las especies y entre ellas el
hombre como responsables del equilibrio entre los recursos naturales y las
necesidades humanas. Tomar sólo lo
necesario para la vida es una idea que está en confrontación con las ideas
modernas de Crecimiento y Progreso
ilimitado. Ambas basadas en el paradigma occidental que ve la naturaleza
como almacén ilimitado de recursos
dispuesto para la explotación. Actitud criticada desde 1927 por la
filosofía de Martín Heidegger y Hans Jonas y retomada por el pensamiento
ecologista brasileño de Leonardo Boff.
[15] En este
punto, hace falta una reflexión antropológica profunda, que reconozca las
raíces precolombinas de los modos de vida
de la población, históricamente dedicadas a la actividad de la agricultura,
artesanía y sobre todo al intercambio en los tiangues. La pregunta orientadora
puede ser al respecto de la recuperación del espacio necesario para el
intercambio. ¿Cómo, la calle un elemento urbano de la ciudad de matriz
occidental, prácticamente inexistente en el mundo precolombino –concebida
únicamente como camino procesional o ritual en Teotihuacán y en el período
postclásico en Tulum-, puede acoger una actividad ancestral, practicada por
gran número de personas en la ciudad?.
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